Fressia, ese toque de locura que aparece y desaparece, como alguien a quien conoces una tarde y su jovialidad te invade de tal forma que quieres repetir al día siguiente y al otro y al otro y al otro..

Tiene algo que hechiza.. y ellas lo saben.. se engalanan de color blanca, rosa, amarillo o lila… ainsss el color lila.. y lo llenan todo de una mezcla elegantemente embriagadora entre jazmín y azahar.. suaveeeee… nada empalagosa.. En casa algunos bulbos me los llevo a la cocina cuando están en flor y dejo que lo invadan todo, las sitúo en la ventana y en cuanto me despisto asoman la nariz persiguiendo la luz y sintiéndose privilegiadas de sentirme tan cercita.

Es delicada y bella, sus flores parecen el tutú de varias bailarinas dispuestas a mecerse con el viento… pero solo un poquito de viento.. lo justo para que distribuyan su olor unos metros más.

Esta explosión olfativa y visual dura aproximadamente 1 mes. Es como esperar que venga de gira el musical más alegre de la Capital, lo disfrutas y se va para regresar el próximo año.

Cuando se duermen no saco los bulbos de la tierra.. simplemente dejo de regarlos para que esa parte esté seca así me sorprenden incluso dos veces al año.. !que maravillosa sorpresa!! siempre las espero. Duermen tranquilas entre la Clivia y la Alegría compis que las esperan con tanta ilusión como yo.

Qué lección de vida nos dan las Fressias.. Vive intensamente, mira lo positivo, vuélcate en dar amor a raudales. Todo esto a cambio de velar por sus sueños…